lunes 30 de enero de 2012

¿QUÉ PODER TIENE TU PALABRA?

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Emitir palabras es propio del ser humano, una capacidad lograda a través de miles y miles de años de evolución. El hablar, por lo tanto, no es una reflejo automático sino el resultado de una gran cantidad de acciones cerebrales que permiten transmitir ideas, pensamientos o sentimientos a otros individuos quienes decodificarán a través de sus cerebros, los mensajes para hacer la devolución correspondiente completando el ciclo de la comunicación.
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La falta de información a nivel general sobre todos los complejos procesos que se desarrollan dentro del cuerpo humano, hace que muy pocas personas se sientan verdaderamente como parte del milagro de la creación y así muchos de esos procesos no son tenidos en cuenta, en particular el de la comunicación, el cual es tan poderoso que no solo puede modificar a través de la palabra el medio personal sino también al medio circundante.
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La acción de hablar, como ya hemos dicho, proviene en principio de la necesidad que tienen todas las especies de comunicarse; en el caso del hombre, a través de la palabra que es la resultante de determinados procesos internos. Por lo tanto cuando hablamos emitimos sonidos en los que están implícitos pensamientos, ideas y emociones. La palabra, por lo tanto, tiene un enorme poder con capacidad de construcción y de destrucción. Es un hecho que la mayoría de los seres humanos no viven o se manifiestan a través de una línea coherente que abarca el sentir, pensar, decir y hacer siendo esta desinteligencia interna la que desvirtúa la divinidad del decir.
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En las Escuelas Filosóficas se dice que la más temible de las espadas de doble filo es la lengua. Esto, a priori, parece una definición muy severa, pero si nos detenemos a analizar la intercomunicación cotidiana de las personas nos daremos cuenta que no está tan lejos de ser.
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